Pilar Bernal, redactora internacional y reportera

Domingo, 14 de Diciembre del 2008 | 3 comentarios

Pilar Bernal, alumna de la 8ª promoción de la Facultad de Comunicación (UPSA)  trabaja actualmente para Telecinco como redactora internacional y reportera. Ha tenido el privilegio de cubrir grandes acontecimientos como las últimas elecciones de Estados Unidos o formar parte del primer medio español en entrar en Corea del Norte.

Amablemente nos ha hecho un hueco en su agenda para hablar sobre su trayectoria profesional.

Pregunta. Con Telecinco, ha sido uno de los pocos periodistas en entrar en Corea del Norte, el país más hermético del mundo, ¿con qué se encontró?

Respuesta. Telecinco fue la primera cadena de televisión de España que pudo entrar invitada en Corea del Norte y es, sin duda, el lugar más singular en el que he estado. No es otro país sino otro planeta. El control sobre los periodistas es brutal, como en todas las dictaduras, pero llevado a extremos de ciencia ficción. No podíamos salir, ni siquiera a la puerta del hotel, sin nuestros anfitriones norcoreanos; tampoco podíamos tener contacto directo con la población, a menos que estuviesen presentes los cuatro comisarios políticos que nos acompañaban día y noche; por supuesto nadie se atrevía a hablar con nosotros sin permiso porque el régimen prohíbe el contacto con los extranjeros.

Dos espías ocupaban la habitación contigüa a la nuestra y vigilaban hasta nuestras conversaciones, porque ambos hablaban español. Meses después, viendo la película de “La vida de los otros”, rememoré todo lo que nos había ocurrido en Corea del Norte. Pudimos conocer sólo la parte del país que quisieron mostrarnos pero eso ya era sorprendente; poder poner una cámara en la calle, en Pyongyang, ya era un privilegio porque esa realidad no la hemos visto jamás, más que en el cine.

irak, noviembre de 2007.jpgP. En sus artículos habla de que allí ni siquiera tienen Internet, algo que a día de hoy en las sociedades occidentales parece fundamental, porque las autoridades consideran que promueve la pornografía. Parece un poco extremista visto desde fuera, ¿cómo lo vio desde dentro?, ¿la gente lo comprende?

R. A los norcoreanos les obligan a funcionar disciplinadamente, como un ejército, bajo amenaza constante. Han formado a generaciones y generaciones instruidas de la misma manera (adoración a los líderes, Kim Il Sung y Kim Jong Il y defensa nacional frente a toda amenaza exterior). Les controlan  gracias a esa férrea educación desde que son bebés y basan la argumentación en que todo lo que viene de fuera es una amenaza para la supervivencia del sistema, de modo que Internet lo conciben como la amenaza máxima porque implica conocimiento libre. Sólo las elites del partido pueden acceder.

Es un régimen cerrado en torno a sí mismo, opaco, oscuro. No se permite ningún contacto con el exterior, ni cultural,  ni laboral, ni personal, la gente no sabe nada de lo que ocurre fuera de sus fronteras. Y pese a que, como buen régimen comunista, da formación a sus ciudadanos, ningún estudiante era capaz de decirnos, en su perfecto inglés, quiénes eran Madonna o Harry Potter. En la era de la globalización ellos han logrado echarle el candado a su burbuja. De modo que la mayoría no se plantea como un impedimento no disponer de Internet, simplemente porque no sabe ni siquiera que existe, no tiene ni idea de que haya una Internet libre, tal y como nosotros la conocemos.

P. En las elecciones que han mantenido en vilo al mundo entero, las de EEUU, ha tenido el privilegio de estar en el centro de la noticia, en Washington, ¿cómo se han vivido allí las elecciones?

R. Estar en Estados Unidos estas elecciones ha sido una suerte. Los “periodistillas” abusamos, a menudo, de lo que creemos que son “acontecimientos históricos” pero esta vez era verdad. Lo vivimos con mucha emoción, especialmente, porque la gente en la calle te lo contagiaba, cualquiera, desde el taxista al analista político, era consciente de estar haciendo algo importante ese día al ir a votar. Para mí, personalmente, fue increíble vivir el minuto a minuto del recuento, dar la noticia cuando la CNN y la NBC lo confirmaron, seguir el discurso de Obama o explicar con qué dignidad McCain había encarado la derrota. Estuvimos en directo varias horas y la mayor frustración fue no poder picar la cámara del directo para que se viese a la gente que, frente al Capitolio, gritaba: “Yes we can”, “No more Bush”.

kosovo, junio de 2008.jpgP. Ha estado en diferentes zonas en conflicto, ¿alguna vez ha temido por su vida?

R. He pasado miedo muchas veces y creo que ése es el mejor chaleco antibalas porque mientras tienes miedo estás alerta. Suelo decir que mi prioridad siempre es volver bien a casa, con mi hijo, y para lograrlo la prudencia no es garantía pero sí una buena herramienta. No siempre he sabido esto y por eso he cometido bastantes imprudencias, como por ejemplo abordar a un guerrillero de las FARC en plena selva.  Llevábamos cuatro días andando en mula para tener un encuentro con el ELN y, como una principiante, vi el uniforme que tanto ansiábamos grabar y me lancé. Aquel tipo era un vigía, no había salido de la selva, en Bolívar, en treinta años y no me disparó de milagro. Vicente, el campesino que nos hacía de guía (meses después fue abatido por los paramilitares) intercedió y no pasó nada pero nunca debía haber ido de ese modo tan  agresivo, tan de “periodistilla” hacia él. En Irak también hubo momentos delicados, sobre todo, cuando antes de salir a una misión de desactivación de explosivos en la carretera entre el aeropuerto y Bagdad nos reunieron a todos para rezar. Cuando todos los militares se cogieron de las manos y un soldado me tendió la suya pensé “joder, qué mal rollo”.

También es vital la compenetración del equipo. Normalmente somos tres: el operador de cámara, el productor y el periodista. Si alguno de los tres, en un momento dado del viaje, tiene una mala vibración, no vamos. Es preferible abortar una entrevista o una grabación que lamentarlo, el mundo está lleno de historias que contar.

P. En su carrera profesional ha tenido la oportunidad de estar en muchos países que a nosotros nos resultan  bastante lejanos ¿destacaría alguno de ellos por alguna razón especial?

R. Los destacaría todos, a todos ellos volvería y todos me han dejado, de un modo u otro, tocada. Pero si tuviese que elegir dos serían Colombia e Irán. Colombia me apasiona, un país lleno de colores que estallan para grabar en cada esquina, una gente extremadamente fuerte ante las circunstancias, que da lecciones de vida cada segundo. Irán fue uno de los primeros países musulmanes que visité; me sorprendieron las mujeres iraníes, llenas de fuerza, el orgullo persa, tan diferente del pensamiento árabe, el increíble potencial de la gente de ese país, sometida, como tantos otros, por gobernantes que no merecen.

P. Viajar, hasta ahora, ha sido uno de los condicionantes de su profesión, ¿le gustaría seguir viajando o preferiría estabilizarse en un sitio concreto?

R. Siempre digo que viajo mucho menos de lo que me gustaría. Cuando estás por ahí la actividad es frenética, las vivencias continuas y el aprendizaje llega cada segundo, estás alerta todo el tiempo y en contacto con situaciones o con personas que pocos tienen la oportunidad de vivir o de conocer. Así que me siento una total privilegiada y espero seguir haciendo la mochila muchos años.

P. Con su trayectoria, ¿qué consejos daría a los futuros profesionales del sector?

R. Les diría que se preparen muy bien, que sean rigurosos, que estudien idiomas, que conozcan el mundo sin prejuicios, que busquen su camino y vayan recorriéndolo poco a poco, que la suerte tarda en llegar pero, si te lo has currado, al final, llega. Les desearía mucha suerte en el oficio más bello del mundo.

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