Los Kouros

Martes, 4 de Noviembre del 2008 | 1 comentario

Constantemente percibo a los Kouros. Ellos parecen ser ubicuos a cada rato se deslizan, como jugando a la levitación, por las estancias del piso. Los oigo en la sala, sentándose en el sofá, o dando vueltas alrededor de la mesa. Escucho el ruido que hacen en la cocina, hurgando en la alacena. También recitan no sé qué letanía en el pasillo. A veces pienso en ellos como en seres espirituales. Pero sé que son entidades cuya función ignoro casi por completo. Son fenómenos, aunque en ocasiones llego a creer que son noúmenos, y me asusto, porque eso significaría que mi razón anda bastante trastornada. En mi cuarto, los percibo clara y oscuramente. Volteo a mirarlos, o más bien a confirmar su estar. Ellos son invisibles, pero no por eso dejan de ser materiales. La invisibilidad, creo yo, también está hecha con algún tipo de materia, más aún, me atrevo a decir que la invisibilidad también es material. Así que los Kouros son seres de materia invisible. Al distraerme en mis Lecturas, en mis conatos de meditación, o en mis simples devaneos, los olvido. Pero, de pronto, ellos afirman su cosidad, confirman su bulto, y efectúan algún movimiento, o posan alguno de sus miembros –si es que los tienen- en mi hombro. Entonces me vuelvo a mirarlos, a refrendar ese estar ubicuo y atormentador que poseen.
II
Los kouros me persiguen. Veo sus cuerpos atléticos cruzándose presurosamente. Asoman la cara por resquicios y rendijas, aparecen al voltear la esquina, y desaparecen, sin dejar de estar, en algunos lugares a los que acudo. Se mezclan, visibles e invisibles, con la gente que transcurre por la Plaza Mayor, se aúnan a los viandantes que fluyen por las avenidas, y me silban, agoreros, en las calles solitarias.

Where Am I?

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