Quizá derribar fronteras sea lo mejor que ofrece ese maravilloso invento llamado Internet: poder “estar” en cualquier lado del mundo sin el inconveniente de viajar hasta allí. Visitar lugares tan especiales y encantados como, por ejemplo, una colosal biblioteca. Más especial aún tratándose de una biblioteca mundial, que reúne ítems de otras repartidas por todo el planeta.
Esto es lo que permite la Biblioteca Digital Mundial, creada por la UNESCO y la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y disponible desde abril de 2009. Pese a disponer de una colección aún pequeña (no superior a los 2.000 ítems), su variedad temática y geográfica y el alto valor cultural de muchos de sus libros, manuscritos, películas, fotografías, grabados, periódicos, mapas y grabaciones sonoras, procedentes de instituciones de todo el mundo, la convierten en un lugar virtual fascinante.
Puede que uno no vaya buscando nada de lo que hay en ella, pero un paseo por la Biblioteca Digital Mundial es sinónimo de descubrimiento personal. Desde uno de los primeros ejemplares de las Fábulas de Esopo hasta una entrevista con un centenario ex esclavo afroamericano, pasando por descripciones del Nuevo Mundo o grabaciones taurinas de los hermanos Lumière, hay sobrados motivos por los que merece la pena perderse en este archivo universal por el que se camina a base de clics.
