“Esos dibujitos tan estupendos”
by Jesús Boyero
Un chispazo de imaginación, un juego de palabras, una paradoja de la vida diaria, una ocurrencia digna de ser compartida más allá del círculo de amigos… hasta las ideas más nimias pueden resultar perfectas para provocar sonrisas, carcajadas o reflexiones de la mano de una pequeña tira.
Hoy en día, inmersa la sociedad en la era dominada por Internet como medio de comunicación masivo, resulta difícil no toparse con los webcómics. No son otra cosa que historietas disponibles para los internautas, bien las mismas que se imprimen en papel o bien únicamente virtuales. Pero no nacieron de la nada.
Tradicionalmente, los periódicos, revistas y suplementos de todo el mundo habían recogido en exclusiva este tipo de creaciones gráficas, dando así prestigio y reconocimiento colectivo a los creadores de las mejores viñetas, cuyas obras han obtenido altísima popularidad en medio mundo. Ahí están los Calvin y Hobbes, Garfield, Snoopy, Dilbert y Mafalda (nótese el dominio yanqui) para atestiguarlo con sus tiras.
Al ser breves y de apariencia generalmente simple, cabe preguntarse si realmente es fácil o difícil hacer una buena tira. Ese es el verdadero reto del dibujante, resuelto el problema de la difusión gracias a La Red de Redes. Con un poco de suerte, se puede acabar viviendo de la publicidad y el merchandising de un webcómic, o de un contrato resultante de exponer al mundo el ingenio propio de este modo. O puede que alguien se fije en el ganador de un certamen que premia las mejores tiras de humor, que también los hay.
Existe un interminable número de webcómics con los que queda claro que Internet es el hogar de muchos creadores talentosos. Los hay para todos los gustos: de temática musical (Escucha esto’ y La Tira de Indie), universitaria, femenina y por supuesto tecnológica. Los hay protagonizados por “gente normal” (hasta llegar a lo autobiográfico), por niños, e incluso por Dios y Satán, la pareja estelar recurrente en Dosis Diarias. Los hay dibujados en pósits y (!) en paquetes de palomitas. Los hay lingüísticos, brutos, nórdicos, freaks, con dibujos muy elaborados o extremadamente simples (como ‘El Señor Enviñetado’ y ‘Toothpaste for Dinner’). Los hay admirados por miles de fanáticos, los hay reflexivos y los hay que son sencillamente inclasificables, como Speed Bump , Brevity y Off the Mark. ¿Es posible no aficionarse a alguno de ellos?

