Built To Spill – Perfect From Now On (1997)
Inauguramos esta serie de joyas de la música popular contemporánea que merecen la pena descubrir con un álbum que seguramente no se parece a nada oído antes. Hablamos de Perfect From Now On, de los rockeros indie estadounidenses Built To Spill.
La obra comienza a un nivel altísimo, con Randy Described Eternity y su fascinante representación de la infinita dimensión de la eternidad. Es tarea obligada traducir las primeras líneas de la letra, ya que así se aprecia la ambición que el líder de la banda, Doug Martsch, pone de manifiesto en este disco. Gracias, Randy.
También el resto de la lírica de Perfect From Now On merece nuestra atención, pero lo que de verdad destaca es la calidad y belleza de la música. Desde luego no es accesible para los menos experimentados, a quienes puede resultarles desconcertante. Desconcertante y absorbente, si se deja que la sonoridad que domina gran parte del minutaje -onírica, ondulante y envolvente- acaricie los oídos. Sin ir más lejos, en Stop The Show nos hallamos dentro de un apacible sueño, del que acabamos despertando en tensión.
Precisamente, Built To Spill juegan con la tensión y la distensión con tanta facilidad como Maradona jugaba con un balón. Pese a enmarcarse en canciones de desarrollos largos -la mayoría de temas sobrepasan los seis minutos de duración-, en ningún momento la música resulta lineal o previsible. Cambios de ritmo, de dinámica, de tempo y espirales (como en la sublime Made-Up Dreams) nos sorprenden de forma constante. ¿Quién dijo estribillos?
En efecto, como espectadores –pues se trata de un auténtico espectáculo de recursos musicales- podemos sentirnos perdidos ante la marea sonora y preguntarnos continuamente dónde estamos. Por eso, es recomendable escuchar Perfect From Now On el mayor número de veces posible.
Resulta muy difícil sentir que el álbum se va a agotar, con tantos detalles y emociones como alberga. Para muestra, la gigante Velvet Waltz, que logra hacerte vibrar como pocas canciones pueden. Las guitarras, unas veces perezosas, otras veces potentes, otras ásperas, cálidas, ansiosas o incluso funkys (Out Of Site), llenan nuestros oídos de sensaciones extraordinarias, ayudadas por el violonchelo, que eclosiona aquí y allá, y por la estupenda percusión directora. ¿Se puede llegar más lejos con tan pocos instrumentos?
Son evidentes el disfrute y la admiración que quiere mostrar esta reseña hacia el álbum. Si tienes la suerte de percibir algo semejante, acércate también a There’s Nothing Wrong With Love (1994) y Keep It Like A Secret (1999), otras dos perlas de Built To Spill, quienes demostraban enorme talento en aquella época. ¡Que vuelvan los noventa!
