Dicen, las gentes de mar, que las olas viajan siempre juntas, acompasadas, en grupos… Y dicen también que, dentro de ese viaje compartido, al llegar a su destino, siempre es la tercera ola la que muestra la fuerza más demoledora; la que, poniendo las cartas sobre la mesa, realiza una exhibición más vigorosa del inmenso poder de la naturaleza.
Haciendo suya esta leyenda, Ron Jones, bautizó como “La tercera ola” el movimiento autoritario que lideró en 1969 durante una semana, con el objetivo de realizar un experimento demostrativo que diera respuesta a la pregunta de uno de sus alumnos: “¿Cómo pudo el pueblo alemán, los ciudadanos de a pie, alegar ignorancia sobre lo que estaba pasando con los judíos?”
La semana pasada, 39 años después de aquel estudio, nuestra cartelera se preparaba para recibir el golpeo de “La ola”, película alemana dirigida por Dennis Gansel y basada en el citado experimento.
Pero “La ola”, lejos de lograr romper con la fuerza esperada, nos muestra un mar artificial, en calma, aburrido, tedioso… Y, de este modo, tras esperar durante meses -se estrenó en Alemania el 13 de marzo-, uno se encuentra con que lo que prometía ser un tsunami desgarrador con una clara misión: romper nuestra calma interior con la turbadora frase “¿podría ocurrirme a mí?” acaba convertido en una soporífera piscina infantil sin el más mínimo atisbo de marejada y mucho menos de reflexión interior…
La ola se convierte en una película que sólo satisfará a aquellos que acudan a la sala sin el más mínimo conocimiento de la experiencia de Ron Jones y, eso, no es mérito del director alemán, sino de la propia naturaleza de la historia.
Por el contrario, Dennis Gansel convierte una experiencia “real”, con un increíble potencial cinematográfico -cómo organizar una férrea tiranía en una semana-, en una especie de película teenager -con fiesta incluida- sin ningún tipo de credibilidad. O lo que es lo mismo: mientras existen creadores capaces de hacer verosímil lo inverosímil –ese es uno de los atributos mágicos del cine- Gansel –con su falta de ambición- logra de un plumazo que lo real nos parezca irreal…
Tras la tempestad siempre viene la calma, y así, en calma, que es como ha dejado el mar Gansel, esperaremos impacientes la llegada de una nueva cinta alemana basada en el fascinante campo de los estudios psicológicos -van dos- para ver si, al fin, nos encontramos ante la poderosa y esperada tercera ola.
Mientras tanto, siempre podemos dejarnos arrastrar por la marea de la mano de Oliver Hirschbiegel y de su película del año 2001 “El experimento” una obra iniciática, espléndida e impactante que sirvió como primera aproximación del cine alemán a la psicología social y que está basada en el experimento de la cárcel de Stanford.
¿Será que, quizá, la ola poderosa es la primera…?